Opinión De Mario Benedicto Parra: La peste maldita del periodismo – Luego de los tristes episodios en que se ven envueltos casi a diario Vicky Dávila de revista Semana, Néstor Morales de W Radio y Luis Carlos Vélez de FM Radio, al transgredir las normas de la ética que rigen el periodismo, debo decir que ese periodismo avergüenza y produce miedo.
Cuando un tema está que arde, este tipo de periodistas amarillistas y sensacionalistas; expertos en la trampa, el engaño, la mentira, el cinismo y la hipocresía, lamentablemente convierten el periodismo en el Sistema Radial Acusatorio, utilizan una estratagema muy conocida es la de tratar de confundir la atención pública, lanzando toda clase de mentiras para engañar a la audiencia. Obviamente que este tipo de estratagemas sólo puede confundir a incautos e ingenuos porque quienes analizan y son capaces de descubrir estas artimañas, sancionan con el máximo rigor todo lo que sea o hayan sido abusos reñidos con la ley y la ética profesional.
Los canales privados de televisión Caracol y RCN, la revista Semana, el periódico El Tiempo y los medio radiales W Radio, FM Radio y Caracol Radio, más conocidos como “la peste maldita del periodismo”, han contribuido a que el periodismo esté de capa caída, prima el espectáculo por encima de todo.
No tengo nada contra quienes recogen las versiones, pero entre quienes entienden del tema saben muy bien que los conductores de estos medios, disfrazados de periodismo, manifiestan claramente la carroña contra del gobierno actual, porque entre más mentiras saquen más sintonía tendrán, más reconocimiento tendrán a punta de engaños para generar rating, y consecuencialmente, pauta publicitaria.
Cuando se da relevancia y sencillamente se hace eco de las versiones que embrutecen la audiencia, sin interrogar, hurgar y profundizar en los temas, no sólo se está recogiendo, sino que esencialmente se está compartiendo y prestándose para ser utilizado por parte de los intereses que se esconden atrás de rumores, injurias y calumnias.
Creer que los lectores, oyentes o televidentes son tan ingenuos que no serán capaces de notar de lo que se habla, es a mi entender un desatino y un grave error de esa generación de periodistas que no investiga, no interroga, por el contrario, amonestan, juzgan y hasta condenan con una sola pregunta, además, irrespetan a los entrevistados de manera despectiva y grosera.
Me resisto a llamarles periodistas a estos personajes que están decididamente apostando a determinados intereses por un beneficio personal y al servicio los dueños de los medios, aunque este asunto no es novedad.
Esos periodistas que “meten el puñal” por los medios que han proclamado abiertamente sus ideas afines a la ultraderecha, el fascismo, tratan de esconderse detrás de una posición para aparecer como “pluralistas o abiertos”, cuando en realidad están en el extremo opuesto. Deberían manifestarse, si son afines a determinado partido, díganlo abiertamente, sin rodeos, pero jugar a las escondidas es una vieja artimaña que ya no convence.
Cuánto añoramos ese periodismo independiente, librepensador, autor de reportajes y entrevistas de lujo que eran una regla y no excepción, informado, culto que no dependía del espectáculo, ni frivolidades para cumplir su tarea. ¡Hasta pronto!