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Opinión De Mario Benedicto Parra: La trampa de los subsidios

Opinión De Mario Benedicto Parra: La trampa de los subsidios En redes sociales algunos uribistas -que se oponen a la indignación de la mayoría del pueblo colombiano por la criminal reforma tributaria-, han expresado preocupación por la caída de la reforma y se preguntan de dónde va a salir el dinero para atender los generosos subsidios que el gobierno les regala a los más pobres, acusándolos de mantenidos, desagradecidos y de que todo lo quieren regalado.

Esta concepción demuestra una vez más lo equivocados que están, primero porque es una idiotez pensar que el dinero sale del bolsillo de los gobernantes, y segundo, que los subsidios son un regalo, demostrando una vez más que no se tienen compasión por los colombianos en situaciones de exclusión y pobreza. Esta nueva generación de “pobres que simulan de ricos”, tilda a los pobres más pobres como inferiores y los catalogan de mantenidos y violentos.

Los pobres no son pobres porque quieren y la realidad es que a muchos políticos no les interesa atacar la pobreza porque de ella sacan provecho cada vez que hay elecciones. Conseguir votos a costa de la pobreza es una buena “política”, lo digo de forma sarcástica. De ahí que con mayor frecuencia se inventan auxilios por allí, subsidios por allá, porque mantener a los pobres subsidiados y sin educación es el mejor negocio.

Lastimosamente se tiene conocimiento de candidatos a las alcaldías que cuando están en sus campañas políticas, le garantizan a la gente más pobre mantenerlos en el Sisbén si votan por ellos. Buscan ganar votos con el régimen subsidiado.

La beneficencia es destructora cuando no promueve al pobre, cuando le crea dependencia y lo acostumbra a recibir la limosna.

Las familias no quieren las boronas de “Familias en Acción”, ni los jóvenes, las migajas del subsidio “Jóvenes en Acción”, lo que esperan los colombianos, para lograr salir adelante, es tener oportunidades de estudio y empleo digno. El trabajo da alimento, salud y educación y para salir de esa mísera vida se necesitan ciertas condiciones mínimas de educación, trabajo y alimentación.

Un país con tanto desempleo, tanta desigualdad, tanta inequidad, poca productividad y concentración de riqueza en manos de uno pocos ricos, tiene a una gran parte de la sociedad estancada en la trampa de la pobreza y también en la trampa de los subsidios.

Los que quieren todo regalado son los dueños de los grandes capitales, el sistema financiero y los políticos y terratenientes que se han apropiado de miles de hectáreas de tierras baldías cohonestados por los gobernantes de turno.

Los pobres no pretenden nada regalado, ellos no se inventaron la devolución del IVA, ni los demás subsidios existentes, ellos quieren lo que es un derecho: educación, salud y un trabajo digno. Los pobres sólo piden condiciones justas y oportunidades dentro de las dinámicas del sistema capitalista, que les permita hacerse a unos mínimos para vivir dignamente. ¡Hasta pronto!

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