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Opinión De Mario Benedicto Parra: Las heridas de la guerra

Opinión De Mario Benedicto Parra: Las heridas de la guerra – Pepe Mujica, expresó alguna vez que “Las heridas de la guerra dejan una resaca que obnubila la inteligencia” y “el odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad frente a las cosas”. Indudablemente, el odio es una de esas heridas que enceguece, condena y amarra sin dejar ver con claridad. ¡Cuánto odio se percibe en todos los niveles sociales y políticos! Asistimos también al espectáculo triste de personajes públicos que lo destilan por doquier como si los asuntos que comprometen a la humanidad fuera un juego.

Cabe señalar que sobre la guerra se ha dicho mucho: desde Heráclito, el filósofo griego, que consideraba que la guerra es común y que todo acontece por la necesidad y la disputa y enseñó que la guerra es el padre de todas las cosas, pasando por Marx que la consideró partera de la sociedad o de la historia, hasta la entronización de la violencia como forma de lucha política. Más allá de la parcial validez que podrían tener estas sentencias, el común denominador es que la guerra deja dolor, heridas, sociedades divididas, países condenados al atraso, la barbarie –basta ver cómo han quedado la Franja de Gaza y Ucrania-, y mucho odio que, a su vez, se vuelve en determinante de un círculo vicioso que se autoalimenta continuamente. Romper esta espiral es necesario para apostarle al futuro y dejar atrás este lastre insaciable que pesa, inmoviliza, impide avanzar.

En las campañas electorales que se avecinan para elegir congresistas y posteriormente presidente de la República, el odio será arma de lucha, sea para asustar, manipular y eventualmente gobernar. Terrible sería para Colombia que termináramos jugándole a la polarización construida sobre odios destructivos que enceguecen e instan a nuevas violencias y desastres.

Creo indiscutible que la tranquilidad de espíritu se nos vuelva propósito fundamental para contrarrestar la carga de odio que obnubila, escuchar críticamente las diferentes propuestas, discernir con cuidado los mensajes ocultos que hay detrás, mirar con objetividad la viabilidad de los temas, desenmascarar a los hipócritas que se hacen elegir con las propuestas de un candidato y luego le traicionan,  ponderar con altos referentes de honestidad e integridad los contenidos programáticos, contrastar con la realidad la veracidad de quien los proclama y decidir de forma clara, evidente y  convincente lo que consideramos mejor para el bien común.

2026 puede marcar para siempre el camino hacia la paz y la concordia o condenarnos a otro siglo de barbarie.

¡Hasta pronto!

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