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Opinión De Mario Benedicto Parra: Lenguaje, otro territorio de violencia

Opinión De Mario Benedicto Parra: Lenguaje, otro territorio de violencia Aniquilar, exterminar, devastar, explotar. Verbos que, de unos días a la fecha, nos bombardean las redes sociales, las notas periodísticas, las columnas de opinión, los noticiarios televisivos y programas radiales. Verbos que echan llamas y humaredas hasta la saciedad. Verbos que martillean a las neuronas, que zarandean a las conciencias, que eclipsan a las fibras humanitarias. Verbos torturantes que deprimen, que provocan angustia, que inducen a la violencia.

A esos verbos o a sus sinónimos agréguense varios sustantivos igual de impactantes: miedo, condena, vengatividad, desafío, asedio, contrataque, barbarie, hambruna -como pasa en Argentina con Milei; el modelo que busca copiar en Colombia el Tigre para que la gente después coma carne de burro-. Un diccionario bélico que va más allá de lo gramatical; que se vuelve piel, huesos, músculos, órganos y sangre en el discurso de campaña electorera y militarista; que toma cuerpo con la frase “Firmes por la patria” entre la población vulnerable e indefensa.

De una forma u otra, nadie deja de ser rehén de la las redes sociales. Más lo somos ahora desde que Su Majestad Tecnológica nos puso directa o virtualmente, en tiempo real, a todo color y en primera persona, ante cualquier suceso del mundo, por importante o banal que sea. Al fin prisioneros suyos, la aceptamos como nuestra carcelera, cuando no como omnipresente verdugo. Y ni forma de evitarla, salvo que uno haya decidido vivir de anacoreta en cualquier isla perdida.

No sólo es cuestión de historias dominantes, de intereses mercantiles. La verbalidad -o si se quiere: la verbosidad, la verborrea- también debe ser un elemento obligado de análisis cuando se le esgrime como crisis actual-. De otra manera, terminaremos por convertir al lenguaje en otro territorio de violencia, con todo lo preocupante que ello significa.

CODA: Ante las palabras del papa León XIV por la guerra en el Medio Oriente: “Dios no bendice ningún conflicto. Quien sea discípulo de Cristo, el príncipe de la paz, nunca está del lado de aquellos que una vez empuñaron la espada y hoy lanzan bombas”, Trump, el dictador del mundo, respondió con su arrogante y prepotente estilo verbal, diciendo que el papa es débil con el crimen y terrible en política exterior. Que debería estar agradecido porque le debe su elección a él. El papa le respondió que no le tiene miedo a la administración Trump porque el evangelio es claro y que la Iglesia tiene la obligación moral de ir contra la guerra.

Me despido con la siguiente frase del escritor Robert Kiyosaki: “La arrogancia es la suma del ego más la ignorancia”.

¡Hasta pronto!

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