Opinión De Mario Benedicto Parra: Nuevas realidades – Asuntos como la muerte digna, la fertilización asistida, el aborto, la objeción de conciencia, el reconocimiento de la existencia de la familia igualitaria, el reconocimiento de los derechos de seguridad social frente a parejas del mismo sexo, entre otros, para unos esperanzador, para otros controvertible, han estado ausentes por parte del Congreso de la República, más ocupado en otros temas como las condecoraciones y placas conmemorativas que cuestionarse seriamente sobre los nuevos paradigmas que este cambio de época implica. Esto ha causado que la jurisprudencia de la Corte Constitucional se haya convertido en la herramienta fundamental para la garantía plena de los derechos de ciertas personas. Incluso, le ha ordenado al Congreso legislar sobre estos temas en un lapso de tiempo determinado.
Ante esta reflexión, qué se espera del Derecho, y para ello resulta menester incursionar en el campo filosófico ya que no se puede entender el Derecho si no se hace Filosofía, que es la que le da sustento y razón última de ser.
El Derecho que no sólo se alimenta de legislación sino de valores tiene a nivel legislativo dos vertientes: la Constitución Política y las normas internacionales con igual jerarquía, y toda la red normativa complementaria y consecuente; y concretamente el Código Civil. El Código que trata las cuestiones fundamentales que rigen a las personas desde el comienzo de su existencia hasta su muerte.
El Derecho, entonces, no es simplemente un modo de regular la convivencia en sociedad, sino también el instrumento inventado por los hombres para moldear una sociedad, dándole vida a través de determinados parámetros, nutriéndola de contenidos y estableciendo las bases sobre las que marchará la misma.
El Derecho debe prever las situaciones problemáticas y diseñar el modo de solucionarlas, poniendo énfasis en la realidad, en cómo se presentan las cosas hoy, porque puede ocurrir que siguiendo la tradición legislativa no logre dar respuesta concreta a los problemas nuevos.
Así las cosas, pretender legislar sobre la base única de la tradición, de lo que siempre fue, es a todas luces torpe, es aferrarse al pasado convirtiéndolo en un absoluto. Hay que ver la realidad y actuar en función de la misma, pero sin menospreciar la carga de valores que la tradición trae consigo.
En este orden de ideas, el fundamento más consistente para una reforma es fijarse en las “nuevas realidades”, esto es, se debe legislar en función de los principios y valores que se quieren sustentar, y que de algún modo se vea representada la sociedad, aún con su innegable diversidad, y sin perder de vista los objetivos que trascienden las épocas. No se trata de irrespetar el derecho de los que piensan distinto, sino de hallar fórmulas en que las minorías tengan garantizados sus derechos y las mayorías puedan a su vez ejercer los suyos.
Qué bueno sería que nuestros legisladores que, se supone, nos representan y cumplen nuestros mandatos, hagan este ejercicio de búsqueda de los elementos fundantes de nuestra persona y de nuestra sociedad; que se nutran al menos un poco en las fuentes de la filosofía para acercarse a la sabiduría que ya reclamaba Platón para los que gobiernan, antes que levantar la mano sancionando normas con ligereza para regir la vida de los colombianos. ¡Hasta pronto!