Opinión De Mario Benedicto Parra: Pantomima de democracia – Antes de que Uribe modificara el Código Sustantivo del Trabajo con la Ley 789 de 2002 y recortara derechos laborales a los trabajadores, ninguna empresa se quebró o estaba quebrada por el pago de emolumentos laborales establecidos. Tampoco fue cierto que con la mencionada ley se estimulaba la creación de nuevos empleos, por el contrario, creció la informalidad y el desempleo. La reforma uribista solo benefició a los grandes empresarios cuando los recargos nocturnos empezaron a las 10 de la noche, se disminuyó el pago de recargos dominicales y festivos y de las horas extras, entre otros.
Ocho malhadados miembros de la comisión séptima del Senado con el argumento de que con la reforma laboral del actual gobierno se desestimula el empleo y crecerá la informalidad, es sin duda, la coartada de los corruptos que niegan el debate y deciden archivar el proyecto de ley de reforma laboral que cursaba en el Congreso y que ya había sido aprobado en dos debates en la Cámara de Representantes. Se oponen a lo que, en teoría, es la democracia: la discusión, el debate, el disenso racional. Es, de modo manifiesto, una amenaza, con pretensiones de sutiliza. El Congreso no está hecho para callar a nadie; es parte de una estructura amplia en la que se expresan voces disímiles.Claro que, si se revisara la historia, a muchos trabajadores, por reclamar derechos laborales, los han eliminado a punta de bala, como sucedió con los campesinos de la “matanza de las bananeras” y sucede con el alcalde de Bogotá que amenaza a los maestros del Distrito que participen en las marchas.
Hay en estos congresistas una actitud de inquisición, de mandar a la basura y al fuego eterno lo que se ha considerado la devolución de derechos laborales antes adquiridos -horas extras, sobrecargos nocturnos, el pago justo de dominicales y festivos, entre otros-. Expulsaron por la borda la opción del debate y la confrontación civilizada. Y se ha puesto en evidencia, una vez más, el estilo burdo y grotesco, además de peligroso, de ese bando de la ultraderecha que favorece a las oligarquías de este país.
La voluntad del pueblo, para ellos, vale menos que nada. Se burlan de los ciudadanos del común, hacen un espectáculo circense a todo dar y para lograrlo cuentan con la indiferencia de un pueblo cansado y sometido, que se arrodilla sin dignidad ante el poder impostado de los que son elegidos para hacer las leyes. Nos aprestamos a asistir a la comedia montada por los politiqueros en los aposentos del Congreso, para dejar claro que aquí los que mandan son ellos y no el pueblo.
Los derechos laborales de la clase trabajadora pasaron al patio trasero, ante la decisión solapada de “Los 8 de Colombia”; congresistas que, sin pudor y límites éticos, volvieron añicos las esperanzas de los trabajadores, tal vez para en el futuro hacer reformas confeccionadas a los intereses de las élites, los intereses nauseabundos que manejan politiqueros de baja ralea, de los que tenemos que avergonzarnos siempre.
Los políticos, con las excepciones que hay, son la verdadera causa de todos los males de nuestros problemas, la razón primigenia de todas nuestras desgracias como nación y cuando realizan buenas acciones, las cometen con fines perversos que no son otros que los de su enriquecimiento personal, la acumulación de abuso, en su insaciable gula de poder. Caterva de delincuentes de cuello blanco que se adueñaron del poder, que les hacen favores a los que tiene poder, que sobornan a los que tiene el poder.
Llevamos más de 200 años de tiempo pedido como República, sin que hayan construido un país decente. Estamos en un país atrasado en lo político y social, con mentalidad feudal, en la que las élites y los políticos manejan todo a su antojo, demostrando con sus actuaciones falsas y sofisticadamente disfrazadas, que terminan siendo dictatoriales. Para muestra basta nombrar a Esperanza Andrade Serrano, una momia política, una verdadera parásita política resucitada, que llegó nuevamente al Senado nombrada pero no elegida. Da vergüenza tener congresistas de esta clase en el Huila; congresistas del montó que solo hacen daño.
Un Congreso así, no puede seguir siendo el que maneje el tramite de las leyes, el que proyecte las rutas que debemos seguir en el intento de ser un país decente. Mientras no cambiemos toda esa manada de burócratas que acaban con el país, no tendremos la posibilidad de construir el cambio que prometió el actual gobierno.
¡Hasta pronto!