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Opinión De Mario Benedicto Parra: Qué tan alegre es la gente de Campoalegre –

 

Opinión De Mario Benedicto Parra: Qué tan alegre es la gente de Campoalegre – No existe ningún documento que verifique el origen del nombre actual de mi pueblo, aunque siempre se tiene la duda de que se encuentre en algún archivo local o que de él sepa algo el connotado historiador campoalegruno Camilo Francisco Salas Ortiz. Sería algo de celebrar.

Lo que sí es verdad es que llevó el nombre de la Santísima Trinidad de Campoalegre en un principio, desde el 14 de agosto de 1809, cuando don José Ignacio Gutiérrez, dueño de la Concepción de Llano Grande, aportó unas tierras para su fundación, pero con la condición de que llevara el nombre de su patrón: Santísima Trinidad de Campoalegre.

Posteriormente, en 1810 por imposición del cura de Otás, Francisco Javier Cándido y Pinzón, fue cambiado su nombre por el de Sevilla, dada la similitud geográfica que tenía el Valle del Magdalena con esa población española.

Cuenta la historia que en 1811, los habitantes rechazaron el nombre de Sevilla y retomaron el nombre inicial. Pero fue en 1840 que tomó el nombre de Campoalegre a solas, cuando recibió la categoría de aldea. Veinte años después, en 1860, recibió la categoría de municipio.

Pero, ¿por qué el nombre de “Campoalegre”? Yo me imagino que el nombre le fue puesto por la “gente, la tierra y sus paisajes” y así se quedó.

Por la gente, porque para nadie es un secreto que los campoalegrunos somos los más alegres del departamento del Huila y de muchas regiones de Colombia; en alegría, no nos ganan los neivanos, los laboyanos, los garzoneños, los plateños, los giganteños, los hobeños, los algecireños, ni los riverences; tampoco los vallunos, los llaneros, los paisas, los pastusos y menos los rolos, sólo los costeños tratan de igualarnos, pero una cosa es la alegría pura y otra, la alegría mezclada con escándalo.

Campoalegre, bulle llena de vida, desde el amanecer hasta el ocaso; un municipio que cada vez que se celebran en los diferentes barrios las fiestas del arroz, la gente aún se sienta en los andenes y en las casas hay música, comida y bebida. Al ritmo de la música de las diferentes orquestas en el Parque de Los Fundadores se despide la noche y al amanecer el pueblo es despertado con la serenata de la banda de vientos del pueblo y con la alborada.

Los turistas y visitantes han podido observar que aquí es muy distinto, la gente va por la mitad de la calle como si fueran los únicos habitantes de la tierra.

No hay que olvidar el temperamento alegre y algo burlón del campoalegruno, el ingenio provocador y cierta astucia que nos distingue de los demás huilenses.  Aunque hay muchos problemas en el pueblo, eso no evita que seamos gente alegre, tan alegres que con sólo un poco de música el pueblo entero se impregna de alegría.

En cuanto a la tierra y sus paisajes, porque está acentuada en la silenciosa tierra de Llano Grande, frondoso Valle del Magdalena, rivalizando con la cordillera oriental que le sirve de retablo o altar y se avista con su imponente figura y prodigio de belleza natural.

Llano Grande nos ha servido para describirnos y Jorge Villamil metaforizó con su obra musical que lleva el mismo nombre a sus paisajes y sus palmares como un “Llano Bonito”  y nuestro compositor insigne Carlos Alvárez Camacho, describe en su obra musical “El Bajacocos”, el carácter y el temperamento del campoalegruno.

Ser un campoalegruno alegre no es ningún privilegio, pero sí es un orgullo. Aquí nacieron y seguirán naciendo personas alegres, tan alegres como Campoalegre. ¡Hasta pronto!

 

 

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