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Opinión De Mario Benedicto Parra: Se ha perdido el respeto

Opinión De Mario Benedicto Parra: Se ha perdido el respeto He de decir que no sólo se ha perdido el respeto, sino LA URBANIDAD, ese “instrumento” que nos enseñaban en las escuelas y colegios. A ver cuándo el Ministerio de Educación vuelve a instaurar esa asignatura, que hace mucha falta.

La falta de respeto es una problemática generalizada y unos de los mayores problemas que dificulta la convivencia de la gente. Se nos olvidó el buen uso de la palabra, del valor de la palabra. Hoy tenemos que sustituir la fuerza por la palabra, pero la palabra adecuada, la palabra bien dicha, aquella bien usada, la que no hiere, la que habla la verdad; y realmente buena parte de los problemas y desafíos actuales proceden justamente de carencias en la comunicación, esto hace que el ser humano no sepa convivir.

Por otro lado, considero que el problema es educativo, y que hemos avanzado poco en el desarrollo del pensamiento crítico; de hecho, muchas personas hoy en día hablan más y conversan menos, insultan más y ensalzan menos, sobre todo, es el caso de los “políticos”, en su lenguaje abundan los adjetivos y hay pocos sustantivos; hace falta formar pensadores críticos, como dice el profesor Peter A. Faccione: “…una persona que sea habitualmente inquisitiva, bien informada, de mente abierta, prudente al emitir juicio, dispuesta a retractarse, es educada”.  Al respecto, muy ciertas son las palabras de Montesquieu: “Cuantos menos piensan los hombres más hablan”.

Hay gente que incluso a sus padres los tratan mal. Creo que se están perdiendo muchas muestras de respeto -ya sé que no constituyen el respeto en sí, ya sé que a veces se sustentan en la hipocresía- pero que lo sostienen, lo valoran y lo desarrollan.

El irrespeto es un elemento que influye en el desarrollo de la ordinariez, de la forma irrespetuosa de dirigirse y de tratar a los otros. La forma soez de expresarse en las conversaciones, en los debates, se habla de manera desvergonzada, de manera chabacana. La utilización de insultos para descalificar el comportamiento o las palabras de los demás. Da vergüenza ajena ser testigo de ese desparpajo en agredir, en descalificar, en insultar.

El enfrentamiento entre familiares y amigos, padres e hijos, esposos y esposas, hermanos y hermanas. Valen traiciones, lucha por la herencia, conflictos de adolescentes. Burlas sobre la identidad sexual, sobre la relación íntima con otras personas, sobre los comportamientos profesionales. Todo vale.

En ese caldo de cultivo están creciendo nuestros niños y nuestros jóvenes. En ese clima de falta de respeto a la dignidad de las personas se desarrolla nuestra infancia y nuestra juventud.

¡Hasta pronto!

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