Opinión De Mario Benedicto Parra:Contra la violencia, libros – En medio de los inevitables conflictos que forman parte del cotidiano vivir, necesitamos clarificar la mente, aquietar el espíritu y reacomodarnos para poder enfrentarlos. La lectura puede ser el camino para prevenir la violencia que impera en la sociedad. Puede ser un lazo de comunicación y entendimiento. Aquí la lectura juega un papel importante, la interrelación con otros puntos de vista distraen las ideas compulsivas y ayudan a encontrar la clave que dé luz a aquellas encrucijadas para visualizar las posibles salidas.
La lectura despierta en nosotros una gran actividad: el motor del pensamiento, capaz de generar transformaciones insospechadas que llenan de sentido la existencia. La lectura reposada, como alimento vital, nos da a conocer la condición humana, la conducta humana.
Ahondar en la lectura implica penetrar en la vida para darle significado. Es interesante que a través de la lectura conocemos distintos modos de acercarnos a la realidad. Leer multiplicidad de autores nos acercan a diferentes experiencias de vida que enriquece la nuestra.
En la lectura se produce un juego entre el autor y el lector, abriendo un espacio lúdico invisible pero real y gravitante, ya que después de participar en él “no soy el mismo de antes”, igualmente, al terminar un diálogo fecundo con otra persona ambos cambiamos de alguna forma, percibiendo la realidad desde ángulos nuevos. Es necesario acudir a los libros como a verdaderas fuentes para generar en nosotros auténticas perspectivas de vida humana. Así se expresó el escritor mexicano Carlos Fuentes: “En mi experiencia, si ha habido un código de amor, ha sido el de la literatura. Es también ella la que me incitó a preocuparme por los demás; después de la lectura de Dostoievski es imposible no preocuparse por los demás”.
La pluralidad de hechos delictivos, el insulto, la injuria y la calumnia en nuestro atribulado país está indicando la merma de la palabra como lazo de comunicación y entendimiento. Toda violencia es ausencia de palabras, de símbolos que nos ayudan a amortiguar los impulsos violentos. Los medios de comunicación y las redes sociales nos llenan de discursos y nos saturan de palabras repetidas de violencia y amarillismo, empobreciendo su alcance significativo. En este sentido, son interesantes las observaciones del filósofo argentino Santiago Kovadloff: “La decadencia de los pueblos suele iniciarse con el envilecimiento de las palabras, con el abandono del interés por lo que implican como signos de aptitud para la convivencia, la recíproca credibilidad y la preservación de los matices que hacen posible el pensamiento. Poco pueden importarnos nuestros semejantes si hacemos un uso prostibulario del lenguaje. Si no nos interesa lo que decimos, tampoco pueden interesarnos aquellos con quienes nos comunicamos. Y esto, claro está, tiene su consecuencia”.
¡Hasta pronto!