Opinión De Mario Benedicto Parra: La difamación – En el ser humano han estado presentes en todos los tiempos de nuestra historia tantos talentos y dones como actos despreciables y miserias aborrecibles. La verdad es que en 23 años del siglo XXI nada ha cambiado.
Hoy quiero expresarme en torno a la actitud denigratoria denominada “difamación”, pues ha pasado de ser un acto miserable y cobarde a un gran talento naturalizado e incluso patrocinado por los medios masivos de comunicación.
Siempre han existido los difamadores. En la historia contamos con un caso conocido universalmente que data del año 399 A.C, el juicio y condena de Sócrates, a quien se lo acusaba de corromper a los jóvenes y de negar la existencia de los dioses. Platón en el texto titulado “Apología de Sócrates”, describe detalladamente el proceso judicial que afrontó el denunciado, y en él se describe que dialogando con sus alumnos procede minuciosamente y argumentativamente a desmontar la verdad oculta detrás de la pantomima judicial: se lo estaba castigando, básicamente, por haber criticado fuertemente un sector específico de la sociedad ateniense. En otras palabras, lo invitan a morir, solo por pensar.
Han pasado 2423 años desde aquel triste episodio injusto y la humanidad poco ha podido avanzar en el ideal de la justicia apoyada por un modelo racional que busque cierta objetividad ante el caos y el predominio de la sinrazón que nos caracteriza como seres extremadamente inmorales y obstinados.
Cuando dije al inicio que la difamación se ha naturalizado, me refiero exclusivamente al sentido de aceptación plena del rumor dado y esparcido por quien sea -medios de comunicación, redes sociales, sociedades, empresas, organizaciones, etc.- para causar daño intencional irreparable sobre otros. La difamación ha tenido en todos los tiempos algún tipo de condena, puesto que el agravio y la falsa acusación o diseminación de mentiras sobre alguien, puede arruinarle la vida y lanzarlo a la muerte.
Las prácticas de la difamación se van sofisticando con el paso del tiempo, adicionalmente si le añadimos que en la actualidad casi cada ser humano cuenta con un dispositivo móvil con el cual puede compartir indiscriminadamente información falsa, la fórmula de la difamación instantánea y masiva se hace práctica común. ¡Hasta pronto!