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Opinion

Opinión De Mario Parra “¿Seré yo, “señora”?”

Opinión De Mario Parra “¿Seré yo, “señora”?” –  Aunque el relato de la periodista Claudia Morales publicado en su columna de El Espectador, se ha abordado muchísimas veces durante la última semana por casi todos los medios de comunicación, lo que no se podrá ocultar es que señala indirectamente sin tapa alguna y de manera cruda al que lo hizo.

La periodista de marras, utiliza en su relato el misterio, el enigma, pero en el fondo sabe que dio pistas muy dicientes sobre el perfil del autor del hecho punible.

El mismo método misterioso fue usado por Jesucristo, aquel atardecer cuando estaba a la mesa con los doce apósteles y, mientras comían, les dijo: “Les aseguro que uno de ustedes me entregará”. Profundamente apenados, ellos empezaron a preguntarle uno por uno: ¿Seré yo, Señor? El respondió: “El que acaba de servirse de la misma fuente que yo, ese me va a entregar”. Jesús no mencionó directamente a Judas Iscariote, pero en ese momento era “Él” quien estaba sirviéndose.

Pero más allá del autor del ilícito, Claudia Morales, pone sobre la mesa una innegable realidad: el del abuso y acoso sexual en el ámbito laboral acompañado del abuso de las posiciones de poder y privilegio por parte del agunos hombres que se creen superiores a las mujeres, con derecho a humillarlas, abusarlas o acosarlas sexualmente.

En estos asuntos investigar y sentenciar a un “poderoso” en Colombia, es cosa difícil. Basta recordar un sólo caso, el del Defenfor del Pueblo Armando Otálora, por acoso sexual contra su secretaria Astrid Cristancho, hechos registrados en enero de 2016. Nada pasó, no hubo sanción legal, pero sí sanción social, gracias a que los medios de comunicación se multiplicaron para mostrar la gravedad de las acusaciones.

Lo triste de todo esto es que las mujeres abusadas no encuentran respaldo y el tema sigue siendo de cuarta o quinta categoría y por eso, el noventa por ciento no denuncian y prefieren guardar silencio. No hay un sistema que las difienda, señalan tener miedo y con toda razón.

El miedo causado por los “poderosos” es sumamente peligroso porque mediante este instrumento controlan, hacen y deshacen para mantenerse en el poder. Por miedo, las mujeres se rehúsan a denunciar a su victimario y piensan más en la desconfianza humana que causa la censura social, en la incredulidad institucional y en el recelo sobre los medios de comunicación amarillistas que resaltan más el morbo -que claramente invaden lo más privado que tiene el ser humano, la intimidad- y no el trasfondo del asunto: el respeto de los derechos humanos y la dignidad de la mujeres.

El miedo produce silencio y por eso, hay miles de casos sin denunciar. Claudia Morales, expresó su relato callando, contando medias verdades, dice cosas sin decirlas que son descodificadas inevitablemente por el lector. ¿Usted cómo evalúa el silencio de Claudia? ¡Hasta pronto!

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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