Opinión De Néstor Pérez Gasca: ¡Menos goles contra los apátridas! – Me apasiona esa sensación de patriotismo puro y efervescente cuando juega nuestra selección Colombia, se desvela ese amor inmaculado por esa patria que nos apadrinó, asimismo, es muy emotivo observar las reacciones angustiosas que repentinamente se convierten en gritos de júbilo cuando nuestros 11 guerreros enaltecen nuestro país; puedo afirmar sin pudor, que muy pocas veces he evidenciado esas manifestaciones de triunfo colectivo.
Me gustaría ver a mi compatriotas con el mismo fervor que genera la celebración de un gol, rechazando el triste asesinato en Córdoba de María del Pilar Hurtado, y sobre todo, el estremecedor sufrimiento de su menor hijo que impotentemente expresa su dolor al tenor de nuestra acostumbrada y cómplice indiferencia. Por lo anterior quisiera ponerme la camiseta “patria” con mi hijo no solo para enseñarle a celebrar, sino también para enseñarle que cuando nos vestimos de “Colombia”, debe salir a abrazar y consolar esos huérfanos que el conflicto ha “parido”; y repudiar la muerte que no para de asechar a nuestra herida patria, quisiera enseñarle a mi descendencia que no solo hay que celebrar la vida, sino que también hay que protegerla.
En consecuencia, deberíamos uniformarnos también para salir a increpar y rechazar las reformas tributarias que no favorecen a los más de 13 millones de desposeídos, y sobre todo a esos colombianos que sobreviven con $257.433 mensuales, pero que no son considerados en situación de pobreza para el gobierno actual.
Pero no, contrario sensu, mientras estábamos poseídos por el agasajo futbolístico, el congreso archivaba con beneplácito, a hurtadillas y sin oposición, quizás una de las reformas que más atemoriza a los que se adueñan del erario: la abolición de la casa por cárcel; deberían revisar el “VAR” para confirmar que no solo nos están robando nuestros recursos públicos, también se apoderan del medio ambiente, los sistemas de producción, la educación, la alimentación de los niños, la obras públicas, los peajes y sobre todo, la dignidad. Ojalá los goles que sigamos celebrando sean solamente los que no nos “meten”, me imagino los sediciosos llamándome apátrida.