Entre las virtudes que todo político ha de poseer y ejercer está en primer lugar el de la honestidad. La manifestación del 2 de abril no deja de ser un insulto a la dignidad de la mayoría de colombianos que queremos la paz. Qué autoridad moral ofrece Alvaro Uribe para exigir “dignidad”, si su actuar ha sido tan cuestionado por los graves actos de corrupción sucedidos durante sus dos gobiernos.
La marcha no fue más que demogagía barata encaminada a satanizar el proceso de paz y utilizada como mecanismo para apoyar a los familiares y amigos de Uribe que hoy se encuentran cuestionados por la justicia; la manifestación perdió hasta el bonito apellido de “dignidad”.
Señores del Centro Democrático, basta ya de hipocresías, ustedes están quedando como simples alborotadores, cuya única intención es obstaculizar el proceso de paz. Hoy vivimos tiempos distintos y el pueblo sabe quién trata de engañarlo. Recuerden que fueron ocho años sumidos en el subdesarrollo, la miseria, la inmoralidad, el desempleo, la corrupción, el clientelismo, la falta de educación, salud y vivienda; es largo el inventario. Dejemos el cinismo y el descaro. Hagan, de una vez, un ejercicio de sinceramiento y de decencia. Admitamos que la corrupción también fue parte del gobierno Uribe y en proporciones mayores. Los colombianos queremos que se ponga fin a la “violencia como enfermedad social”; basta ya de episodios de agresión y de violencia en todos los ámbitos y niveles.
Defendamos los espacios y mecanismos de participación ciudadana, las movilizaciones, las veedurías ciudadanas para mejorar la trasparencia, la eficacia y efectividad de las políticas públicas, pero no las marchas simuladas para sostener posturas falsas y artificiales. Aquí conviene estar en guardia ante esta clase de movilizaciones y no caer en los caprichos del lider político y su “rebaño” y, menos en discursos propios de la charlatanería.
La oposición política es normal y juega un papel importante en la democracia, canaliza visiones y hace contrapeso a los grupos en el poder. La oposición tiene que ser real, debe expresar modos de pensar distintos, pero si no se cumple con estos requisitos puede ser cualquier cosa, menos oposición. Decir que están de acuerdo con el proceso de paz pero sin impunidad, es un eufemismo que atrofia la realidad política del proceso de paz, es populismo político en contra de la realidad social y política de Colombia.
Si lo que pretenden los Uribistas es que se vaya Santos, pues “que se vayan todos”, incluido Uribe, es un clamor que recorre el espinazo de la República, es una expresión del cansancio de los colombianos que ha tocado fondo en su credulidad, al comprobar cómo la corrupción no tiene límites y no existe asomo de abandonarla.
A un costo altísimo, estamos intentando salir dificultosamente de una guerra de más de cincuenta años y el Centro Democrático no duda en condenar el proceso de paz y de paso, condenar a millones de colombianos a vivir siempre en guerra, posiblemente por generaciones. Estos son hechos, no palabras. ¡Hasta pronto!
Por: Mario Parra