Santos le mintió al país cuando afirmó que apoyaría a los productores cafeteros con un subsidio de $6.000 por arroba*

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crisis cafetera

No se necesitaba ser adivino para saber que la cosecha cafetera del año anterior no cumpliría los pronósticos, otra vez fallidos, de la gerencia nacional del gremio. Los registros dejaron claro que, escasamente, se produjeron 7 millones 774 mil sacos, muy por debajo de lo estimado. Es el cuarto año consecutivo en que los pronósticos de la federación son desatinados.

En el caso de Caldas, las cifras de la cosecha señalan que tampoco acertaron y que, al igual que en los últimos cuatro años, la merma en la producción del grano golpea los ingresos de los caficultores y de los sectores económicos que giran alrededor del cultivo: comerciantes, transportadores, cosecheros, jornaleros y contratistas, las alcaldías y hasta las ofrendas para las iglesias.

La pérdida del ingreso por la merma en la producción del grano, se explica por la errónea política que implantó el Gobierno y la cúpula de la Federación de Cafeteros de apostar el futuro de la caficultura nacional a los cafés especiales, situación que dejó a los productores tradicionales desamparados y sin estímulos para atender y sostener la caficultura y el mercado habitual del grano.

A eso se agrega la pérdida en la producción por los tres años de prolongado invierno; la proliferación de plagas como la roya y la broca; el elevado costo de abonos, insecticidas y demás insumos necesarios para la labor agrícola y la poca renovación de los cafetales frente a las necesidades que tenía el país para sostener la producción y su participación en el mercado mundial.

La baja producción, con la consecuente rebaja de las exportaciones del grano y la importación de café para atender el mercado interno, son el resultado de una estrategia productiva fracasada: apostarle a los cafés especiales.

De otra parte, la pérdida del ingreso de los cafeteros se explica, también, por la caída de los precios internacionales del grano, la merma en las exportaciones y, sobre todo, por la revaluación del peso frente al dólar, que significó pérdidas por más de un billón 200 mil millones de pesos el año pasado. La revaluación del peso hace parte de la política económica del “libre mercado” que tiene como propósito favorecer las importaciones, así se destruya la producción nacional y se afecte a los exportadores del país.

Esta realidad que padecen los productores se viene enfrentando, desde el primer semestre de 2012, con la movilización cafetera. Sin embargo, los logros alcanzados son escasos frente a la urgente necesidad de respaldo estatal que requieren los caficultores. Y aunque el Gobierno -presionado por las acciones adelantadas- aprobó un apoyo en el precio interno de $6.000 por arroba, la verdad es que esto es insuficiente y no cubrirá todas las arrobas que se produzcan hasta el 31 de enero de 2013, como lo ha querido hacer creer el presidente Santos.

Según informó la Federación de Cafeteros el 16 de enero de 2013, el AIC (Apoyo al Ingreso del Caficultor) “…superó los 72 mil millones de pesos desde que se anunció el programa”. Hechas las cuentas, se ha apoyado -con $6.000 por arroba- la compra de 12 millones de arrobas, durante doce semanas de las 19 y media que cobija el programa. Sólo quedan 12.000 millones -de los 84.000 millones aprobados- para subsidiar la producción de 7 semanas y media. La cuenta es clara: la plata no alcanzará para comprar -con subsidio- todas las arrobas restantes. Eso lo sabía el Gobierno y la cúpula de la Federación. Pero el presidente Santos miente a la opinión pública -como está acostumbrado a hacerlo- y afirma que a los caficultores se les entregará $6.000 por arroba. Las cifras indican que no será así.

Los cafeteros saben que los costos de producción están por encima del precio de venta; que no tienen con qué pagar las deudas contraídas con los bancos; que no disponen de los recursos para abonar debidamente los cafetales; que las rebajas anunciadas en el precio de los abonos y demás insumos aún no se ven; que las importaciones del grano continúan y que la revaluación del peso frente al dólar (del 9% el año anterior) envilece su ingreso y los empobrece, sin que el Gobierno haga nada efectivo para defenderlos a ellos, a los demás exportadores y a la producción interna.

Ante esta realidad, lo único que les queda es continuar la movilización, apoyar el Paro Cívico Cafetero Nacional y defender el trabajo, la producción, el ingreso y la pervivencia de la economía cafetera.

Comerciantes, transportadores, autoridades civiles, políticas y eclesiásticas, demás sectores sociales y población en general de las zonas cafeteras, debemos brindar respaldo al PARO, acompañar los reclamos de los productores y advertir que si a los cafeteros les va bien, al resto de la economía también.

*Artículo de Oscar Gutiérrez R
Movimiento Defensa y Dignidad Cafetera