Opinión De Mario Benedicto Parra: Los genitales de Abelardo y el periodismo tradicional –Es indiscutible que las redes sociales fueron un actor fundamental para mostrar la gravedad de las acusaciones en contra de Abelardo de La Espriella por acoso sexual contra la periodista Laura Rodríguez, al mostrarle y enfatizar en una foto de su celular para que viera y validara el tamaño de su pene.
La periodista expresó que no se trató de un simple comentario desafortunado sino de un total irrespeto hacia ella y hacia su trabajo. “Me sentí vulnerada, acosada y asqueada”, comentó.
Los medios de comunicación tradicionales calladitos ante el típico comportamiento desagradable y ordinario de este personaje que no solo atentó contra de la aludida periodista sino también contra todas las mujeres de Colombia porque según él, con esa foto se ganó el voto electoral del público femenino. En suma, según el candidato, las mujeres que votan por él, no lo hacen por sus ideas, propuestas o programas sino por el tamaño de su pene.
Este personaje cargará con el estigma de un depravado acosador sexual. Mostró la clase persona que es, un ser humano terrible y tenebroso. Colombia no merece un presidente de esta calaña. Colombia necesita un estadista, una persona decente y no un fantoche matagatos.
Aceptémoslo, la intimidad queda expuesta cuando se muestra la foto con tinte “amarillista” y acrecienta el drama de acoso mediante el “morbo”, resaltando más un factor determinante: “elevar la popularidad”. Utilizar la foto para llamar la atención del público, puede hacer del acontecimiento un espectáculo vulgar; puede banalizar la información.
El periodismo tradicional no puede tender cortinas de humo cuando no le da relevancia y profundiza en el tema. Los periodistas no deben “tragar entero”. Preocupa el facilismo que se está apoderando de la práctica periodista cuando no se aparta de los dictados de los dueños de los medios tradicionales. En alguna ocasión el escritor Mario Vargas Llosa, al recibir el premio Don Quijote de Periodismo dijo: “El periodismo ha perdido su seriedad y la influencia que tenía”.
Los hechos sucedidos son tal cómo sucedieron y no un simple cometario desafortunado.
Si de La Espriella trata así a una periodista en vivo, es legítimo cuestionar cómo será con las mujeres del común y cuando nadie lo ve. El problema no es un “cruce de palabras”, es el uso de un lenguaje que degrada, intimida y descalifica a las mujeres en distintos escenarios. Ese tipo de actitudes son formas de violencia que no deben tener cabida en la política ni en ningún ámbito de la actividad humana.
Sea como sea, el periodismo tradicional se hubiera escandalizado para el escarnio mediático, si el que hubiera cometido ese acto de ordinariez fuera otro candidato y no precisamente de la ultraderecha.
Esto nos debe llevar a reflexionar que el periodismo no puede primar el silencio cómplice que menoscaba el respeto y pudor de la mujer.
¡Hasta pronto!