Opinión De Mario Benedicto Parra: Prepotencia y arrogancia – Da tristeza y enojo al mismo tiempo, ver la forma como algunos servidores públicos actúan con prepotencia y arrogancia en el ejercicio de sus funciones. Muchos ciudadanos que tienen la desdicha de acudir a sus oficinas para solicitar algún favor o realizar una gestión, son maltratados.
El servidor público debe caracterizarse precisamente por su vocación de servicio, toda vez que su trabajo es una oportunidad que le brinda la vida de servirle a la comunidad poniendo en práctica al máximo sus capacidades profesionales o técnicas.
Es muy lamentable y deja mucho que desear la actitud del Fiscal General tras la información que se le pidió con ocasión del inútil e injustificado viaje a San Andrés, en aparente misión oficial. Que acto tan grotesco al responder con prepotencia, arrogancia y con un tonito desafiante, dejando así una estela de mala imagen y de abuso, además de cogobernar, de meterse en temas que no le competen, de intimidar y poner el foco de su endiablada gestión para perseguir a los oponentes del gobierno.
La humildad, la honestidad, la sensibilidad, el trato amable son lo que les falta a muchos servidores públicos. Cuando estas virtudes y cualidades se dejan de lado, la percepción del funcionario queda en entredicho; es una situación delicada ya que resta a la imagen de un servidor público ya sea del orden local, regional o nacional.
El servidor público debe ser una persona capacitada, reflexiva, estructurada, pero por encima de todo debe tener una gran sensibilidad social y compromiso moral con la comunidad y por los asuntos que a ella concierne. De nada sirve tener tantos títulos académicos, la mejor hoja de vida, si carecemos de los más esencial: humildad y sensibilidad.
El poder que se les otorga debe ser en beneficio de la comunidad sin exclusión alguna. Los ciudadanos esperan que los servidores públicos respondan a la confianza que en ellos se ha depositado y que nunca antepongan al interés general el interés personal. De igual modo, la función pública no confiere derechos para la prepotencia, la arrogancia o el maltrato. Cualquiera que sea la función y jerarquía del servidor público, se debe tener presente y apreciar la dignidad y la nobleza que el cargo le otorga.
Se deben renovar las costumbres políticas y luchar por que se abran espacios para los más capaces y honestos. El poder que se le da al servidor público es para servir y no para ser servido; no para oprimir, amedrantar o abusar de los demás, es para respetar y hacer respetar la dignidad intrínseca de cada persona y los derechos humanos en general. Recordemos que no son los cargos los que engrandecen a los hombres, son estos los que engrandecen las instituciones.
Me despido con estos pensamientos:
“La verdadera grandeza no necesita la humillación del resto”. Amado Nervo (poeta, novelista y ensayista mexicano).
“La grandeza de un hombre está en saber reconocer su propia pequeñez” Blaise Pascal (científico y escritor francés).
¡Hasta pronto!